miércoles, 1 de junio de 2011

Relaciones Humanas

La razón del ser humano es vivir en sociedad. Y allí su requerimiento
máximo es el de disfrutar de relaciones humanas armónicas. En efecto,
todo el mundo sabe muy bien de lo satisfactorio y placentero que es el
de disfrutar de buenas relaciones humanas y de la tragedia que
significa el de no tenerlas.

El tan inquietante y comentado "stress" (tensión) en los seres humanos
es prácticamente siempre producto de experiencias de relaciones
humanas insatisfactorias o del riesgo de que así ocurra. Es decir,
malas relaciones humanas implican una amenaza claramente comprobada de
problemas de salud tanto mental como orgánica.

No es necesario ser un experto para saber cómo afectan a las personas
los conflictos conyugales, las problemáticas familiares (relaciones
padres-hijos, relaciones entre hermanos, crisis de adolescencia, etc.)
o las relaciones humanas insatisfactorias en el trabajo.

En efecto, es bien conocido el que las llamadas enfermedades
psicosomáticas (colon irritable, asma, alergias, hipertensión, etc.)
son consecuencias directas de la tensión. También, que la tensión
acelera la arteriosclerosis, etc. También, hay consenso entre los
especialistas que el cáncer tiene como factor destacado a la tensión.

Y por su parte los trastornos mentales funcionales (neurosis,
inhibiciones, psicosis funcionales) dependen esencialmente de las
problemáticas en relaciones humanas. Incluso, el fracaso en los
estudios, descartando el factor capacidad intelectual, deriva de la
mayoría de los casos de relaciones humanas perturbadas del estudiante
con sus familiares o con sus profesores.

En suma, para tener una vida feliz es requisito indispensable el gozar
de buenas relaciones humanas.

Por otra parte, para la eficiencia y productividad en empresas e
instituciones diversas (clubes deportivos, instituciones vecinales,
etc.) tienen como factor de primera importancia la constitución de
equipos de trabajo que tengan buenas relaciones humanas.

En ambientes conflictivos y con discordia en que predominan los
antagonismos, resentimientos y desconfianza sucede precisamente lo
contrario. Lo que impulsa cada vez más a ejecutivos y directivos tanto
a aplicarse en propia capacitación en relaciones humanas, como a la
puesta en práctica de programas destinados a mejorar el respectivo
clima organizacional.


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